A fines del siglo XX, la astronomía en Chile vivía un momento de expansión inédita. Sin embargo, la comunidad científica carecía de un espacio de representación común. La creación de la Sociedad Chilena de Astronomía (SOCHIAS) vino a responder a esa necesidad, marcando un antes y un después en la organización de la disciplina.
Antes de la fundación de SOCHIAS, Chile ya se perfilaba como la capital astronómica mundial en aquella época. El desierto de Atacama albergaba los mejores lugares de la Tierra para construir observatorios astronómicos. Paranal, Las Campanas, Tololo, Pachón y La Silla eran lugares reconocidos por albergar instalaciones astronómicas ópticas de alta calidad, disponibles para los astrónomos chilenos. Mientras que una nueva generación de mega telescopios como el VLT, Magallanes y Gemini, estaban en construcción. A ello se sumaba el anuncio de ALMA, el radiotelescopio más potente del mundo, ubicado a 5.000 metros de altitud en el Llano de Chajnantor.
El acceso privilegiado a este conjunto incomparable de instrumentos, recuerda Leonardo Bronfman, primer presidente de SOCHIAS, era una oportunidad única para abordar problemas fundamentales de la astrofísica moderna. “Pero para aprovecharla se necesitaba financiamiento adecuado, más académicos, apoyo a postdocs y estudiantes de posgrado”, mencionó.
En el ámbito académico, Mónica Rubio, Profesora Titular del Departamento de Astronomía de la Universidad de Chile y actual vicepresidenta de la IAU, explicó que la astronomía chilena tiene raíces profundas en la Universidad de Chile, donde en 1852 se fundó el Observatorio Astronómico Nacional, que por más de un siglo fue la única institución dedicada a esta disciplina en el país.
“En 1982 se creó el Departamento de Astronomía en la Universidad Católica (PUC) y, posteriormente, en 1994 en la Universidad de Concepción. Para el año 2000 había cerca de 30 astrónomos en Chile que trabajaban en estas instituciones”, señaló. A ellos se sumaban iniciativas más jóvenes en la Universidad Católica del Norte y la Universidad de La Serena, con grupos en etapa inicial.
La necesidad de una voz común
El vertiginoso crecimiento planteaba un desafío: ¿cómo organizarse frente al Estado, otras disciplinas científicas y la comunidad internacional? Según mencionó Leonardo Bronfman, una motivación importante fue tener una representatividad común. “SOCHIAS debía ser un interlocutor válido y, al mismo tiempo, un espacio de discusión científica para promover colaboraciones y acceder a financiamiento mayor, como ocurrió luego con el FONDAP de Astrofísica obtenido en 2002”.
En tanto, Mónica Rubio dijo que “era necesario que existiera una sociedad científica nacional que representara a la comunidad astronómica y definiera los objetivos y estrategias de desarrollo de esta disciplina en el futuro”.
El primer directorio provisorio, constituido en 2001 y ratificado por elección en 2002, estuvo integrado por Leonardo Bronfman (Presidente), Leopoldo Infante (Primer vicepresidente), Ronald Mennickent (Segundo vicepresidente), Mónica Rubio (Directora ejecutiva), Diego Mardones (Secretario) y Felipe Barrientos (Tesorero).
La conformación buscó reflejar la diversidad institucional del país, y entre sus objetivos iniciales destacó aumentar el número de miembros y fomentar la creación de nuevos departamentos de Astronomía en universidades chilenas.
Desafíos
Leonardo Bronfman reconoce que el mayor desafío fue convencer a la comunidad de la necesidad de contar con una sociedad científica: “No fue fácil, pero logramos avanzar en la incorporación de socios y en la conformación legal de la Sociedad, un trabajo arduo que lideraron también el vicepresidente, la directora ejecutiva y el tesorero”.
Para Mónica Rubio el mayor desafío fue organizar la primera reunión anual y convocar a la comunidad para participar en ella. “Si mal no recuerdo, fue de un día. Otro desafío importante fue consolidar a SOCHIAS ante las distintas organizaciones nacionales como la representante legítima de la astronomía chilena”, relató.
Aquella primera reunión, realizada en 2002 en el auditorio de Cerro Calán, reunió a solo 20 personas. “Allí se conversó y se definieron los pasos a seguir de la sociedad. No recuerdo si hubo presentaciones científicas”, añadió Mónica Rubio.
Leonardo Bronfman también identifica elementos que siguen vigentes en SOCHIAS: “Lo primero y más importante es la participación activa de astrónomos de todo el país, incluyendo los observatorios internacionales. También el espíritu colaborativo y de respeto mutuo, el impulso a la colaboración científica y, por supuesto, el apoyo irrestricto a los estudiantes de Astronomía”.
En tanto, Mónica Rubio destacó que“el objetivo principal sigue siendo el desarrollo de la astronomía profesional en Chile. La reunión anual, donde la comunidad puede conocerse y presentar los avances de esta disciplina, es otro hito fundamental”, detalló.

A más de dos décadas de su creación, tanto Bronfman como Rubio coinciden en que lo más valioso ha sido consolidar un espacio de colaboración, participación activa y apoyo irrestricto a los estudiantes, un espíritu que hoy sigue vivo en SOCHIAS y que ha acompañado el crecimiento de la astronomía en Chile hasta su consolidación como referente internacional.
El nacimiento de SOCHIAS, en el tránsito del siglo XX al XXI, significó que la astronomía chilena dejara de ser solo un conjunto de esfuerzos individuales o institucionales, para transformarse en una comunidad con voz propia. Una voz que, desde entonces, ha acompañado el crecimiento de la disciplina en Chile y su consolidación como referente internacional.